Conocimiento, comunicación y reputación

La mejor forma de sincronizarte con la realidad de lo que sucede alrededor de tu empresa es adquirir conciencia sobre esa realidad. El ecosistema en el que se desarrolla tu negocio es el más cambiante, frenético y exigente de las últimas décadas y obviarlo es desajustarte de su frecuencia de movimiento.

Por ello, cualquier acción tendente a posicionarte en contra de esa evolución afectará de forma seria y quirúrgica al desarrollo de tu negocio y tu estructura empresarial. Darwin tenía razón, la estrategia para subsistir no es ser el más poderoso sino ser el que mejor se adapte al medio. Por ello, perseguir fantasmas exógenos más allá de lo que es tu competencia profesional y tu estrategia empresarial es engañarte a ti mismo para convertirte en presa del ecosistema y sus habitantes.

Por otra parte, una de las máximas endógenas del ser humano es la conciencia de que para ser mejor, hay que aprender. Lo ejecutamos de forma innata desde que tenemos uso de razón, lo entendemos y cultivamos durante nuestra infancia y adolescencia pero de repente, cuando entramos en el entorno laboral, lo olvidamos por completo.

Este hecho viene lastrado por la idea, como seres imperfectos y soberbios que somos, de que hemos llegado a la cúspide de nuestra existencia. ¿Quién duda que el ser humano es el dominador absoluto del planeta Tierra y todo lo que contiene? Yo sí lo dudo, y muy seriamente.

Y consecuencia de ello es la necesidad que infiero de estar preparándome a diario para situarme, como poco, a la altura de un mercado profesional que muta y evoluciona en cortos espacios de tiempo. Por contra, después de más de 30 años recibiendo feedback de empresas percibo que, a pesar de estar lo suficientemente evolucionados como para haber enviado una sonda más allá de los límites del Sistema Solar, un número nada despreciable de empresarios siguen encerrados en una burbuja de incomprensión mezclada con algo de soberbia y unos toques de desidia que hacen que sus profesionales y la empresa se enquisten a una velocidad sólo comparable a la que la que les disocia del mercado.

Hoy día, Internet y las redes sociales han convertido el tejido empresarial en una suerte de escaparate global, un espacio altamente accesible y amigable para el cliente, un lugar casi sin secretos donde tus competidores se hallan tan sólo a un clic de distancia de tu empresa y donde la reputación de la tuya y la forma en que la comunicas, juegan un papel preponderante en la visibilidad de tu negocio y en la gestión del compromiso que buscas con tu cliente.

Casi de pronto nos encontramos con un entorno digital y de contenidos, con un lugar donde la comunicación y las relaciones personales son más poderosas que nunca (a pesar de los detractores que indican que Internet separa a las personas). Internet nos ha unido más que nunca y el famoso boca a boca ha pasado de ser entre los conocidos del círculo próximo a cualquiera al que pueda llegar en cualquier parte del mundo.

De ahí que vivamos la época de las oportunidades para la empresa, es en estos tiempos cuando un profesional y una empresa pueden triunfar con independencia de casi todo lo que hace 15 años permitía ser grandes sólo a las grandes.

Pero para ello necesitamos capacitación continua.

Como apuntaba el monje zen en el Tíbet, nuestro cerebro es como una taza, llena no sirve para nada, hay que vaciarla para volver a llenarla. Este concepto metafórico que parece de infantil comprensión se torna extraño cuando hablas de desaprender para volver a aprender.

El conocimiento es tu sustrato de crecimiento personal y profesional. La comunicación es tu medio de crecimiento empresarial y la reputación es tu catalizador de crecimiento de mercado. Un ciclo secuencial que debes convertir en recurrente para moldear tu negocio y empresa. Y este escenario no es viable sin procesos de capacitación continua.

Cuando un periodista preguntó a Thomas Alva Edison sobre sus casi mil intentos fallidos a la hora de dar con el filamento de tungsteno, él contestó: «No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla». Entender el valor del conocimiento, sea de la naturaleza que sea, es el primer paso para la carrera de fondo de un profesional.

Pero no es suficiente con el conocimiento, necesitas comunicar y participar de la comunicación, necesitas adaptarte a los nuevos entornos digitales y entender que la reputación de tus profesionales y empresa es el traje con el que sales a la calle cada día y que no tienes tiempo de llevarlo a la tintorería, por ello debes cuidarlo en casa para que luzca espléndido a diario.

Todos sabemos que la tecnología e Internet es ese silo que todo lo almacena, determinante sin duda para que tu día sea productivo y minimizado por muchos por puro desconocimiento, lo que les sitúa en una posición de quebranto funcional que no son capaces de apreciar. Y por encima de ello se sitúan las empresas que entienden que la productividad y el rendimiento se basa no en lo bueno que es su producto o servicio sino en lo buenos que son sus canales de visibilidad, reputación de marca y potencia de llegada al cliente. Un profesional ajeno al tratamiento de sus competencias digitales a través del cuidado de sus habilidades es un profesional fuera de mercado por mucho que quiera mentalizarse que sus problemas estructurales y relacionales se deben a que «las cosas están muy mal».

Ser un profesional competente depende sólo de nuestra capacidad por desaprender y liderar desde la vertiente emocional-digital te permite definir procesos tendentes al éxito, sea cual sea tu escenario profesional. En esta entrada puedes comprobar como las claves para ser un líder digital son tan solo secciones de uno mismo como persona y que atienden todas al sentido común.

No es complicado en absoluto saber si necesitas de un alto potencial en tu vida para cumplir con tu rol profesional porque no olvidemos que liderar no pertenece tan solo a los altares de los niveles superiores de la empresa. Debes ser capaz de desarrollar tu liderazgo interno personal para así transmitir tu esencia de líder grupal o de equipo. Y si no pregúntate:

¿MANDAS O LIDERAS?

Sin duda éste es uno de los grandes dilemas de nuestro tiempo, la confusión que existe entre ellos y lo difícil que parece asumir la necesidad de balanceo y cambio del primero al segundo. No repetiré la diferencia entre jefe y líder porque todos la conocéis pero sí debes hacerte esta pregunta a diario y de forma reiterada porque de ello depende el rumbo de tu empresa. Capacitarte en el análisis y despertar de tu talento te permitirá actuar por igual sobre los profesionales de tu empresa. Cuando le dices a tu hijo de 15 años «no vayas por ahí» probablemente será lo que haga porque tan sólo ordenas. Si mandas como jefe, el resultado será más intenso, si cabe porque el«mando y ordeno» viene de la rama del poder por posición, sin tratamiento alguno de las emociones positivas que nos convierten en proactivos.

¿HABLAS O COMUNICAS?

Hablar es gratis y como las barbaridades no se penalizan, hay barra libre. Pero en tu empresa, las palabras tienen un enorme valor interno y externo. Hablar es emitir palabras, comunicar es transmitir ideas. Todos sabemos que hay profesiones especializadas en hablar sin parar transmitiendo absolutamente nada, pero tu empresa es tu medio de vida. La comunicación interna entre tus colaboradores y equipos es imprescindible para que los procesos sean productivos y la comunicación externa es la que imprime en tu cliente el grado reputacional que deseas mostrar. Tu reputación externa será imagen de cómo gestionas tu comunicación interna.

¿DISTORSIONAS O COHESIONAS?

Ideas tenemos todos pero pocos son capaces de sedimentarlas. Relaciones personales también tenemos todos y sabemos que, de base, no son fáciles de gestionar. Ser capaces de aplicar coherencia al tratamiento de las ideas entre profesionales y que el ambiente tienda a conciliar es otro de los ejes de crecimiento y consolidación empresarial. Muchos jefes generan distancia y ansiedad entre sus profesionales porque piensan que así rinden más. Las organizaciones saludables con profesionales felices están adquiriendo una ventaja competitiva que incrementa de forma constante la brecha reputacional y productiva con las inductoras de tensión.

Tu marca es tu mayor activo como empresa, basta fijarse en las que han desaparecido (y desaparecerán) por quebrantos reputacionales. Por ello necesitas mantener un alto potencial profesional interno y un cuidado e intenso grado de comunicación externa para ser capaz de adaptarte sin traumas a tu ecosistema. Y todo pasa por visualizar con compromiso que el cuidado de tu talento, tu capacitación personal continua y el cuidado de tus competencias profesionales es tu mapa de ruta.

El primer paso para ser mejor es entender que necesito mejorar.

Conocimiento, comunicación y reputación, tres aspectos sobre los que construimos HIGH POTENTIAL, un modelo de contraste para organizaciones con sus objetivos puestos en la productividad de sus equipos de trabajo y en la definición de procesos orientados a la rentabilidad del negocio. El mayor miedo que una empresa puede tener a día de hoy no está en el entorno, es interno y hace referencia a obviar que el cambio es su esencia de desarrollo y que la capacitación de sus colaboradores es su soporte reputacional.

Steve Jobs dijo: «No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer». Parece que el sentido común acompaña a la gente de éxito, no dejemos que nos abandone por no entender la necesidad que tenemos de ser mejores.

 

 

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