Sé cuidadoso con tu reputación

La reputación es un atributo que con el tiempo ha ido abandonándose en el baúl de los recuerdos de la empresa, un concepto desarraigado de la gestión de negocio cuando en realidad, es una de las prioridades con tendencia a convertirse en un activo de negocio. 

Y ello es, en parte, consecuencia de la extraña e imparable pandemia que sufrimos en nuestra enquistada cultura empresarial, poco amiga de los cambios adaptativosque, en definitiva, es la que conocemos y vivimos y en la que, para desgracia de muchos, parece que se haga lo que se haga «nunca pasa nada».

Estamos cansados de ver en televisión cómo se airean las miserias de las personas siendo estos programas de máxima audiencia; nos confunde ver en medios masivos de cobertura nacional, la misma noticia interpretada desde diversos puntos de vista (incluso con extrañas diferencias en datos numéricos) dependiendo del medio que la comunica y nos desespera que cualquiera pueda salir en televisión a tergiversar impunemente la verdad a pesar de existir una clarificadora y siempre veraz hemeroteca audiovisual. Y el escenario donde se interpreta el día a día del movimiento de negocio empresarial no está exento de ello en absoluto.

Pero ese escenario está cambiando con urgencia porque el público de esa obra de teatro, el cliente o usuario, es más consciente que nunca de lo que supone para su toma de decisiones que le engañen, sentimiento que redunda de inmediato en la reputación que de esa marca percibe.

La reputación es, en esencia, la idea o concepto que los demás tienen de ti o tu empresa y esa carga conceptual deriva de lo que tú, como profesional y empresa, eres capaz de transmitir. Impregnar a tus colaboradores y clientes con valores como la honestidad, la confianza o el compromiso conforman el aroma de tu negocio.

¿Y cómo saber a qué atenerte en temas de reputación? En verdad es un proceso y analizar sus aspectos internos es el primer paso para dibujar tu mapa reputacional. Si quieres hacer un auto chequeo, pregúntate:

  • ¿Lo que veo de mi es lo que quiero que vean los demás?
  • ¿Se correlaciona mi marca con los valores que quiero transmitir como empresa?
  • ¿Estoy volcando internamente mis valores en el desarrollo de los recursos humanos y mi identidad de marca?
  • ¿Estoy comunicando de forma interna, externa y eficiente quién soy y cómo soy?
  • ¿Consigo transmitir en esa comunicación quién soy y cómo soy?
  • ¿Visualizo los riesgos reales de perder el valor que tantos años me ha costado conseguir?
  • ¿Tengo definidas políticas internas de ética, buenas prácticas y búsqueda de la excelencia?
  • ¿Tengo instaurados mecanismos internos de prevención de quebrantos reputacionales?
  • ¿Están alineados mis productos y/o servicios con lo que quiere transmitir mi empresa?
  • ¿Mis políticas sociales se sustentan sobre mis valores reputacionales?
  • ¿Aplico estrategias para potenciar y expandir mi reputación y diferenciarme de mis competidores?
  • ¿Mi estructura comercial vuelca en el mercado los valores definidos en mis políticas sociales?
  • ¿En mi modelo de proyección comercial, sigo estrategias honestas con mis competidores?

El objeto de este análisis te permite sacar conclusiones sobre cada una de las partes de tu modelo empresarial susceptibles de afectar a tu reputación. La reputación se asemeja a un objeto frágil, en el momento que se quiebra o rompe jamás volverá a ser el mismo y por mucho que nos esmeremos en recomponerlo, las fracturas nos recordarán, en todo momento, que en su día se rompió. Y cuanto más avanza la comunicación global y la inmediatez en la generación de contenidos en Internet, más cerca están nuestros clientes de validar nuestra reputación pero también la de nuestros competidores.

Y la reputación no entiende de precios ni ofertas, tan sólo de compromiso y confianza. El canal de expansión se mueve sobre las guías del compromiso, la competencia y los valores de las personas, aspectos que se obvian en escenarios de desarrollo positivo pero quedan en evidencia y entredicho en momentos de quebranto reputacional. De ahí la necesidad de empezar a diseñar la carga reputacional desde las personas y escalarlo a los demás ámbitos de la empresa.

La comprensión sobre la necesidad de capacitación profesional sigue siendo una de las asignaturas pendientes en nuestro tejido empresarial, sin embargo, la evolución de los mercados y la gestión empresarial para adaptarse a nuevos escenarios de negocio hacen que ya no sea una opción sino un reto a acometer. ¿Hay una relación directa y vinculante entre la capacitación y la reputación?

Sin duda, ya que los aspectos que construyen la reputación de una marca o de un profesional se sustentan sobre el conocimiento adquirido y aplicado de uno mismo y se posiciona sobre la comprensión aprendida que se tiene en áreas de alto peso específico como son el liderazgo, la ética y la comunicación.

El liderazgo nace de la estructura emocional de la persona y de la gestión de sus valores y principios. La ética es la relación que tenemos con la moral y el comportamiento humano y la comunicación es la forma en que transmitimos qué y quién somos a nuestros colaboradores internos y al ecosistema empresarial en que nos desarrollamos.

Me dejo algunos aspectos en el tintero por falta de tiempo, más tiendo a pensar que si somos líderes naturales abonados a la ética con dotes comunicativas, tenemos conseguido y en funcionamiento un porcentaje elevado del modelado de negocio y de la gestión por competencias. Y sobre todo, tenemos los planos y los cimientos de la estructura reputacional que nos proyectará, promocionará y posicionará como destacados y diferentes en un mercado global donde las similitudes definen grandes espacios competitivos a los que muchos no deseamos pertenecer.

Hace más de 25 siglos, Hesíodo, poeta griego ya anticipó que «Una mala reputación es una carga, ligera de levantar, pesada de llevar, difícil de descargar» lo que da muestra de su espacial naturaleza y afección y nos indica que que nada tiene que ver con el momento temporal ni con la percepción de los mercados, sino con el sentido común y el grado de compromiso de las personas.

Si nuestros profesionales están capacitados, si nuestras reglas internas de negocio y gestión global de la empresa son consecuentes a nuestros valores y si cultivamos una empresa saludable, estaremos asegurando la reputación de nuestro modelo en el que conceptos como desarrollarse, consolidarse y ser sostenibles vendrán implícitos por simple cumplimiento de valores.

Se dice que el saber no ocupa lugar. Hagamos de ese lugar nuestro tesoro reputacional.


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