¿Por qué es importante respirar?

Pienso que si hacemos esta pregunta fuera de contexto y sin más explicación, podríamos hacer pleno, o sea, 100% de acierto, algo que es harto complicado que se de. Pero nuestros artículos son, precisamente, para definir un contexto y entrar en materia, para poder poner en pantalla experiencias y circunstancias de nuestro ecosistema empresarial con el ánimo de analizarlas y que sean de plena utilidad para todos. Sin más, hoy toca respirar a pleno pulmón.

Cuando nos alteramos y parece que somos incapaces de frenar, siempre se nos ha dicho «cuenta hasta 10». Este hecho tiene tanta importancia desde el punto de vista de que contar hasta 10 retrasa ese tiempo el arranque de nervios, como la parte olvidada de respirar profundamente con cada contaje que realizas. Eso sí, en ocasiones se nos dice «tranquilo, respira», como si uno se olvidase de ello tan solo porque está irritado. Pero no, todo tiene un sentido y al final, siempre acabamos de la misma forma: respirando de forma consciente.

Hoy día se está poniendo de moda el Mindfulness y quiero hablaros brevemente de él aunque no porque esté de moda. El Mindfulness es cultivar la atención plena, así de simple y así de contundente. Es esencial destacar que, como la mayoría de modas, que se hable mucho de él no está tan relacionado con su componente de necesidad sino con que hoy día, se habla mucho de todo porque hablar es gratis, al igual que los canales digitales para comunicar. De ahí la moda de las modas. Pero cada moda lleva implícita una enorme e irreductible carga de caducidad anunciada.

De ahí a entender y procesar su sentido hay muchísima distancia ya que si recordamos, las modas están hechas tan solo para ser cambiadas por otras, lo que malversa la utilidad de muchas de las acciones o productos que han sido convertidos en ellas.

En este punto deberíamos parar y analizar el grado de voracidad con el que nuestro día a día profesional ataca a nuestro espacio/tiempo personal. Y por encima de ello deberíamos analizar la impunidad con la que nuestro tiempo profesional es asolado por el ritmo frenético que imprime el día a día profesional. Y si no veis claro a que me refiero, preguntaos:

  • ¿soy capaz de terminar a tiempo cada una de mis tareas?
  • ¿soy capaz de recortar a la mitad la duración de mis reuniones de trabajo y que sean productivas?
  • ¿soy capaz de incorporar en mi semana un tiempo fijo diario (media hora, una hora) para dedicarlo a mi persona?
  • ¿soy capaz de dejar de hacer el 30% de las cosas que hago y ser más productivo que antes?

Si contestáis NO a todas, no estáis respirando, ni a nivel personal ni a nivel profesional y ya sabemos que la falta de oxígeno, no tiene buen destino.

¿Entonces, qué hacer? ¿Cómo acometer esas preguntas en busca de derivadas o identificación de necesidades? Corramos hacia el azul el espectro de las preguntas y acerquemos posturas:

1.- SÍ ES POSIBLE TERMINAR LAS TAREAS

¿De qué depende una tarea? Pues de la naturaleza del objetivo en el que está inmersa, del tiempo que tengo para realizarla y de los recursos de que dispongo para llevarla a término. Posponer fechas de vencimiento se ha convertido en un estándar profesional, la famosa procrastinación de la que todo el mundo se llena la boca entre sorna y sonrisas y que, por desgracia, es una de las pandemia de moda que no solo afecta a nuestra productividad sino, además, a nuestro crédito y reputación.

¿Cómo es posible que una obra pública cuya dotación en recursos humanos es de 15 personas se retrase por sistema en el tiempo hasta conseguir salir en los medios de comunicación? ¿Y cómo es posible que una película de animación cuya dotación en recursos humanos es de más de 750 personas localizadas en diversos países, se estrene puntualmente en la fecha que llevan más de un año anunciando?

En verdad, y el ejemplo es patente, el respeto por los plazos se antoja independiente a casi todo, centrando casi todo su peso en los valores humanos. Compromiso, implicación, respeto, conciencia y colaboración son solo algunos de ellos. Cualquiera que atesore estos 5 valores y, por lógica, disponga de los recursos necesarios, será capaz de cumplir fielmente con sus tareas.

Y gran parte del problema a la hora de acabar o no las tareas es el hecho enraizado en nuestra cultura de que distraernos es algo «normal» y aceptado, hasta respetado y secundado, mientras que cumplir con las tareas es algo atípico que, si no se cumple, pasa automáticamente al cajón del «no pasa nada».  Pues sí que pasa, y mucho. Sufrimos por ello mucho más de lo que en ocasiones somos capaces de ver o entender. No olvidemos que en los proyectos, la obligación es la respuesta consecuente a la distracción.

Si queremos respirar durante un tiempo más rápido o más lento de lo naturalmente establecido, entraremos en problemas de inmediato. Y si osamos mantenemos en el tiempo, perderemos la salud muy rápidamente. Por igual, si alteramos los ritmos predeterminados en el cronograma de planificación de cada tarea, seremos penalizados, perdiendo productividad y credibilidad.

Y por encima de todo, hagamos acto de contrición. No nos preocupamos por los plazos de las tareas porque tendemos a pensamos que siempre tenemos tiempo para todo al creernos multitarea, cuando en verdad somos monotarea natos sacando, al extremo, el as de la manga del «es que no tuve tiempo de acabarlo». Creo que si prohibiésemos bajo penalización dicha frase o la falacia que la suple, las cosas cambiarían bastante en poco tiempo.

Pregúntate y reorienta: ¿si llegada la fecha de vencimiento de tu tarea no la has acabado, eres consciente de qué elementos te han impedido acometerla o, simplemente, das el resultado por bueno y te permites ampliar el plazo?

2.- «REUNIONITIS»

Tal cual, «reunionitis» aguda y parece que no remite, otra pandemia de nuestro ecosistema empresarial. Las reuniones son una de las acciones que nos hacen respirar, suspirar diría yo y no por amor. A nadie le gustan las reuniones, de ahí que siga siendo un misterio la abrumadora cantidad de horas que se pierden en ellas. No estamos diciendo que no haya que hacerlas, tan solo apuntamos que hay que respirar antes de hacerlas, hay que parar y pensar en su objetivo teniendo claro el orden del día, sabiendo exactamente quién debe estar presente y quién no y de qué debe hablar cada uno de los presentes.

No tengo duda alguna que es muy fácil recortar a la mitad la duración de algunas de ellas (por no decir de muchas) y que sus resultados sean, incluso, más productivos que los actuales. Suena curioso cuanto menos que en reuniones de empresa deba haber esos minutos, y no pocos, de «precalentamiento» donde se habla de casi todo lo vacuo y banal. Y no hablemos de los áridos «minutos de cortesía» para los que llegan tarde. ¿En serio son los que llegan tarde los que deben recibir cortesía? No podemos ser tan superficiales.

Lo que sí que hay en las reuniones es mucha desidia y pérdida de tiempo que, al final, se transcribe en un mal consumo de recursos. ¿Cómo es posible que a mediados de 2018 siga habiendo reuniones que no estén programadas a tiempo cerrado?

Todas las reuniones deberían incorporar 5 minutos de respiración profunda al inicio por parte de todos los miembros. Un tiempo fijo de desconexión para que cada profesional aparque los tema candentes en los que estaba inmerso hace tan solo 10 minutos, un tiempo de reflexión que le aporte la calma suficiente como para afrontar la reunión con garantía de rendimiento. ¿Cuántos minutos tardan en aparecer en las reuniones las tiranteces y roces que nada tienen que ver con ella y que son arrastradas de las gestiones previas?

Respirar, respirar y respirar, ese espacio/tiempo previo de 5 minutos que todos deberíamos adquirir en cada una de nuestras reuniones a tiempo cerrado.

Y pregúntate: ¿segmentas tus reuniones por temática, departamento o proyecto o las generalizas para que así todos estén enterados de todo?

3.- TIEMPO PARA TI

Otro error de base que nos afecta como persona. Tiempo para ti no es que salgas del trabajo a media mañana y estés dos horas de compras o café, tiempo para ti es tan solo dedicar unos instantes a estar contigo mismo, sin molestias ni alteraciones. Tiempo para ti es disfrutar de tus hobbies o placeres en algún momento de la semana, detener tu carrera para avituallar el corazón y la mente.

Hay una ridícula y contraproducente cultura en nuestro tejido empresarial que nos llena de ansiedad y es la de temer que los demás piensen que no estamos en la onda, ya que por culpa de esa onda hay un porcentaje elevadísimo de infelicidad y problemas de salud. ¿Y por cierto, de qué onda hablan?

Parece que si no dedicas 12 horas a trabajar, no eres competente, no perteneces al grupo, no estás en la onda. Parece que si al mediodía, en lugar de quedarte a malcomer en el trabajo leyendo papeles para adelantar el trabajo de la tarde, regresas a comer a casa y aprovechas los preceptivos y tan saludables 20 minutos contados de siesta, o sales a caminar y comes algo saludable, no perteneces al grupo.

Más que grupo, diría que rebaño, porque al final, cuando un grupo de individuos están apelotonados, siguiendo cada uno al de enfrente con la cabeza baja y sin posibilidad de salir del mismo, eso es un rebaño.

¿Cuántos conocéis que siguen al rebaño por miedo a… no saben qué? ¿Cuántos conocéis que llevan tatuado en la frente «jamás me iré a casa antes que el jefe»? ¿Cuántos conocéis que no tienen prácticamente vida propia porque piensan que la vida está en el rebaño? Estamos viviendo fuera de nuestra vida una vida que no es nuestra, desperdiciando lo hermoso que hemos recibido por pensar que nos debemos a lo que recibamos de los demás. Estamos en la época de la historia donde más ansiolíticos se prescriben y recetan. Es para pararse a respirar y pensar en ello.

Por ello respira, una vez más. Detente, respira y deja las ondas para los estudios de física de la luz. Tú eres ser, no eres hacer ni eres tener.

Y tu tiempo en tu trabajo puede ser cerrar los ojos cada 45 minutos y hacer 3 respiraciones profundas, dedicar esos segundos a estar contigo mismo, a acompañarte y cuidarte, a recordarte que antes de hacer, hay que ser. No olvides que el profesional es la capa que va sobre la persona, que todo lo que le suceda a la persona se traspasa al profesional. La conciencia sobre tu tiempo, sobre la dedicación a ti mismo, es parte esencial en tu rol profesional y eres tú quien debe aportarlo a la empresa porque ella no te lo pedirá al ser un valor de gestión personal, pero a la vez te penalizará si no lo transmites como profesional.

Pregúntate y reorganiza: ¿vives entendiendo tu persona y aportando tu valor para conectar con el resto de personas o te conectas de cualquier forma al resto de personas adecuando tu forma de ser y tu valor a la demanda del grupo?

4.- DESPERDICIA LO QUE PUEDES DESPERDICIAR

Cuando comento la posibilidad de recortar en un 30% las acciones que realizamos, todo el mundo se pone las manos a la cabeza y muchos acuden a la famosa e irrisoria frase «ojalá el día tuviera 48 horas». El error es por partida doble.

La primera porque de tener 48 horas en un día seguiríamos cometiendo los mismos errores, ya que lo relevante no es el tiempo como unidad sino la capacidad que tenemos de gestionar lo que hacemos en ese tiempo.

La Ley de Parkinson dice que alargaremos una tarea hasta el tiempo máximo que tengamos para hacerla. No hace falta que sea una ley para que cada uno de vosotros entienda a la perfección y por experiencia su sentido. Es tal cual se expresa y no hay grietas en su postulado. Eso sí, cuando somos capaces de entenderla y sortearla, ya que en verdad depende, de nuevo, de nuestros valores y nuestra predisposición a ser profesionales, es cuando entendemos el verdadero valor de lo que desperdiciamos cuando somos fieles a ella.

Y la segunda es, precisamente, que no controlamos lo que desperdiciamos, no le prestamos la atención que merece ya que tendemos a interpretar, en un vano intento de auto protección, que lo desperdiciado es consecuencia de errores sin remedio, como si estuviesen tallados en piedra. Pero, en realidad, la derrama acumulada deriva de una gestión mal atendida y una elección y ejecución de acciones inoperantes o ineficaces.

En muchas ocasiones no somos consecuentes con la naturaleza del desperdicio, por eso eliminar un 30% de las cosas que hacemos nos asusta, porque no sabemos de dónde eliminarlo o qué eliminar. Esa confusión entre lo útil y lo inútil es clave en términos de productividad.

Cuando alguien dice «nuestro trabajo es solucionar marrones, no tengo tiempo para más» está hablándonos de su confusión. Es una frase que suena más a melodrama cinematográfico que a realidad porque nuestra empresa o la empresa para la que trabajamos, tienen como objetivo ser productivas, es decir, su foco está en ser rendibles y rentables y nuestro trabajo es, por tanto, dar lo mejor de nosotros en pos de la productividad. Además, sabéis perfectamente que hoy día, nadie quiere marrones. ¿Cómo quedamos? Es preocupante ver que vivimos en un mundo cada vez más abonado a la disonancia cognitiva.

Cuando hay que solucionar algo, que por lógica ocurre, es porque ha aparecido un problema y sabemos que es parte del día a día vamos a por ello, pero jamás debe ser el objetivo de un profesional ni una estrategia de negocio. En ocasiones, se desperdician recursos por pensar que el problema aparecido no tiene solución, decidiendo dar un giro y echando por la borda los recursos utilizados en la tarea que acaba de abandonarse.

Cojamos calma y cuando aparezca ese problema…, respirad y volved a respirar.

Adquirir conciencia plena del problema y establecer un instante de reposo y conciencia te permitirá afinar el punto de vista y ser más proactivo a la hora de resolverlo. Las prisas son malas consejeras y casi siempre nos vienen dadas por otra cultura heredada: la de orientarnos al análisis de culpa en lugar de enfocarnos en su solución, lo que retrasa considerablemente el proceso resolutivo.

La planificación, la organización y la estrategia son solo algunas de las propuestas de valor para anticipar el camino de las tareas y prever la posible aparición de inconvenientes. De ahí la importancia de identificar, en fecha de vencimiento, cuáles han sido los aspectos que han influido positiva y negativamente en el desarrollo de las mismas.

Y pregúntate: ¿identificas cuál es tu 30% de desperdicio consciente y consensuado o actúas visceralmente cuando se presenta un problema con el único objetivo de virar para ocultarlo o salir de él?

Como ves, respirar no es tan intuitivo como pensábamos, en verdad, la mayor parte del tiempo nos olvidamos de respirar cuando deberíamos convertirlo en uno de nuestros procesos irrenunciables diarios.

Y para acabar, queremos destacar el valor vinculante de darte respuesta a estas preguntas para ver claro qué posicionamiento tienes en cada momento respecto del ecosistema en el que vives. Perdamos el miedo a ver que cometemos errores.

Adaptarte depende tan solo de ti. No pierdas la oportunidad y comparte el foco. Te esperamos en La Cueva.


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