Decálogo: qué hacer cuando tu empresa necesita cambios

Para empezar, ¿sabes si tu empresa necesita cambiar? Desconocer la necesidad de cambio es una posibilidad de alta probabilidad en un mundo cambiante como el actual. Descubrir que la tienes y no actuar es un error de mayor probabilidad, si cabe. Día a día nos encontramos con empresas que navegan por inercia obviando que cuando lleguen momentos críticos, no serán capaces de gobernar el navío. El miedo a no entender qué cambia el cambio es el azote de muchas empresas que, llegada la necesidad de virar, desvían la atención y mantienen su rumbo, lo que genera tensión y un elevado riesgo de colisión. 

Si las estadísticas están para romperlas, los tópicos están para esquivarlos. Es una fuerte contradicción para muchos empresarios y profesionales, vivir en situación de constante divergencia entre la necesidad de aportar valor diferencial para competir mejor y a la vez, sufrir ansiedad por el miedo congénito a ser diferente a los demás.

Este es uno de los tópicos que más afecta al desarrollo del tejido empresarial y, aunque la mayoría de esas problemáticas son transversales y afectan a todos los sectores, cada uno personaliza sus miedos y contradicciones a su manera.

Estamos hablando de la clásica situación donde el empresario, en una charla o coloquio entre iguales postula, «estamos pensando mucho en los cambios, en avanzar, porque el mercado avanza y no queremos quedarnos atrás» para luego, en la sosegada soledad de su almohada pensar «¿cómo voy a aplicar el cambio que me proponen desde marketing? ¿Y si me equivoco? Es que siempre lo hemos hecho de otra forma. Nada, no quiero ser conejillo de Indias».

Esta sintomatología, lejos de cohesionar se convierte en un adhesivo que actúa de freno en el desarrollo profesional y empresarial.

Para ser ágiles y efectivos hay una máxima que no podemos evitar: si mi entorno cambia y yo no, corro un riesgo severo de quedar aislado por falta de adaptación. Entonces, ¿qué puedo hacer? Simple: cambiar. Para ello, debo vislumbrar ambas partes y, por encima de todo, el espacio relacional que se crea, que es donde debemos actuar.

Vamos, pues, a ver un decálogo de tips para posicionaros y tener una premisa de cambio:

1.- ENTIENDE EL CAMBIO. Parece una perogrullada pero es así. Las cosas cambian y hay que estar pendiente de él porque afectan al funcionamiento efectivo. Hace años, hasta que no se acomodó la idea, la mayoría de veces que un ordenador o monitor no funcionaban era porque no estaban enchufados. No deis nada por entendido por simple que os parezca. El cambio es simple, existe, permanece y así seguirá siendo.

2.- ENTIENDE QUÉ CAMBIA. Detectado el cambio del entorno, analizad si afecta a vuestro modelo y en qué medida lo hace. Hay cambios verticales que afectan específicamente a vuestro sector, como la normativa. Por igual, hay cambios transversales que afectan a todos los sectores, como la evolución digital. Un error muy común es pensar que solo son vinculantes los verticales, de ahí el número de brechas existentes hoy día entre las empresas y sus necesidades de desarrollo centradas en cambios transversales (transformación digital, trabajo por competencias, experiencia de cliente, …)

3.- ASUME TU NECESIDAD DE CAMBIO. Asumir es el paso previo a actuar. Sin la actitud de asumir perdemos la aptitud de ser mejores. Si entendéis que evolucionar como jugador de pádel, perfeccionar vuestro nivel con la guitarra eléctrica o no llevar pantalones de campana porque se quedaron en los años 70 son cambios asumidos y hasta buscados, es muy poco probable que no entendáis el cambio en vuestra empresa. Y sí, no huyáis de vosotros mismos, es lo mismo aunque hablemos de deporte, música o moda. La famosa frase «es que no es lo mismo» es uno de los distractores más manidos para justificar la falta de acción.

4.- ANALIZA EN QUÉ CAMBIAR. Cambiar por cambiar no es saludable para vuestra empresa. Las acciones sin base, de carácter visceral, prosperan en escasas ocasiones. Lo que hay que hacer no dista mucho de lo que hayáis hecho en el pasado, tan solo enfrentad vuestra posición a la del mercado y detectad coincidencias y divergencias. Cualquier desencuentro que se antoje estratégico debe ser acometido de base, fluyendo las decisiones de arriba abajo para permear los cambios de forma efectiva. Sí, es vuestra responsabilidad y hay que hacerla efectiva.

5.- DEFINE LAS HERRAMIENTAS PARA HACERLO. Para trabajar necesitamos herramientas y su mantenimiento y actualización nos permitirá trabajar siempre con las máximas garantías. Sin embargo no hablamos de martillos o llaves inglesas sino de herramientas de gestión profesional que, con los años, han ido convirtiéndose en digitales y creando una brecha que sigue afectando a muchos sectores. Si queremos implementar un cambio, debemos decantarnos por herramientas que nos permitan acomodarlo e internalizarlo en la empresa. La evolución de las herramientas y su viraje a digital llevan años creando brechas de conocimiento que deben ser resueltas si queremos ser efectivos.

6.- IMPLEMENTA PROCEDIMIENTOS Y PROCESOS. Ser productivos y rendir pasa por implementar pasos que nos ayuden a cumplir con las tareas y acciones. Derivado de la tipología del cambio, hay que definir procedimientos y/o procesos que permitan desarrollar el cambio integrado en la empresa. Los cambios necesitan fluir sobre una guía diseñada que permita acometerlos con garantía. Un elevado porcentaje de publicidad contraria al cambio nace de falta de planificación interna por quién debía implementarlo, generando con ello un doble perjuicio (uno interno, de funcionalidad; y el otro externo, de imagen).

7.-  PLANIFICA Y APLICA EL CAMBIO. Planificar sin ejecutar es dibujar en el agua. La inacción conduce al desencanto y a la frustración, momento en el que, de nuevo, se buscan culpables externos. Sin acción, no existe cambio y la ausencia de cambio induce más inacción generando un feedback altamente contraproducente para la estructura empresarial y el negocio. Si tenéis claro el objetivo, el camino de llegada y los tiempos de andadura, aplicad el cambio sin dudarlo ya que el miedo y la duda son enemigos naturales del cambio.

8.- DEFINE PUNTOS DE CONTROL. Sin puntos de control con fines de corrección, la probabilidad de éxito en un trayecto se reduce a su mínima expresión. El cambio genera nuevos espacios en nuestra empresa, en el ámbito personal, profesional, de producto y de marca, lo que nos propone momentos de incertidumbre. De ello deriva la necesidad de definir puntos de control para visualizar, en el momento, el desarrollo del proceso de cambio y anticipar, en la medida de lo posible, obstáculos que sin ese control, pasaríamos por alto.

9.- CELEBRA TU LLEGADA. Implementar un cambio bien merece una celebración ya que en un tejido empresarial presidido en altos porcentajes por el «no cambiamos porque siempre lo hemos hecho así», identificar la necesidad de cambio para buscar la consolidación y la sostenibilidad es un gran valor para la organización. Y con ello siembras precedente funcional para convertir la adaptación al cambio en un aspecto estratégico más de tu negocio.

10.- VUELVE AL PUNTO 1. Porque no siempre tenemos éxito, lo que no significa que fracasemos. El concepto de fracaso o error está sobre  dimensionado ya que se ha enfocado mal históricamente a nivel socio-empresarial. Errar o no conseguir un objetivo no debe ser motivo de crítica y condena sino que debe verse como el sustrato sobre el que aprender y cincelar en piedra las acciones o motivos que no hay repetir. Si este es el caso después de los 9 puntos, vuelve al punto 1 habiendo aprendido de cada uno de los 9 y sé consciente que el aprendizaje que obtengas de ellos, no te dejará pasar al punto 10 la próxima vez.

Heráclito de Éfeso decía hace ya 25 siglos, que «nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña». Si hace 2.500 años ya se tenía esa evidencia filosófica y empírica, ¿qué hace suponer que no hay que cambiar?

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